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El coleccionismo en la obra de arte

El coleccionismo en la obra de arte

Es sabido que coleccionar es reunir, acumular objetos relacionados por un denominador común más o menos preciso y también es conocido que coleccionar arte ha sido símbolo de prestigio y poder. Y por supuesto sinónimo de riqueza. Lo fue en la antigüedad y lo sigue siendo hoy, ya Goethe indicaba en el siglo XVIII que «desde que el hombre es hombre, ha sentido la tentación de acumular cosas por el placer de hacerlo… y de contemplarlas».

Gayo Mecenas (c. 70-8 a. C.) fue un noble romano, confidente de Augusto, que poseía una especial sensibilidad por las artes en general, lo que le sirvió para impulsarlas gracias a la protección que concedía a artistas de diversas ramas. Su singular dedicación acabó por hacer de su nombre, Mecenas, un sinónimo de aquella persona que fomenta y patrocina las actividades artísticas desinteresadamente, si bien se supone que era conocedor que con sus iniciativas permanecería históricamente ligado a la cultura.

Las colecciones de arte más importante del mundo se crearon a partir de recopilaciones privadas de la realeza y la aristocracia, llevadas a cabo por personas que además de su interés y especial sensibilidad disponían de importantes recursos económicos.

Con un simple recorrido por la historia podemos encontrar grandes coleccionistas que, gracias a su mecenazgo, han facilitado que muchas y relevantes obras de arte se conserven, reconociendo a su vez que para ellos cada pieza que adquirían tenía un significado más allá del puramente económico.

Por ello y gracias a los estímulos creados por las colecciones de arte, como son prestigio y fama, es posible reconstruir hoy la historia de la pintura, de la escultura o de las artes suntuarias, por ejemplo. Los grandes museos europeos no existirían como tales si reyes, papas y nobles no hubiesen sentido ese impulso, entendiendo asimismo que coleccionar supone, como se ha indicado, un ardor más allá del económico.

El coleccionismo de arte es pues, un espacio muy determinado que requiere del consejo de algún asesor que entienda de arte y de antigüedades, porque sólo otorgar un valor monetario a cada obra de arte empeora la percepción del coleccionismo entre el gran público, donde en demasiadas ocasiones se  relaciona “caro” con “bueno”. De igual forma, cuando se invierte en una o más obras simplemente porque gustan, sin ninguna cohesión, se ha de considerar como un simple comprador de arte porque ser coleccionista requiere además, algo de sensibilidad, conocimiento, estrategia y reflexión.

Reconozcamos, finalmente, que las personas o instituciones coleccionistas inducen también a establecer nuevas tendencias de arte, por ello sus decisiones han sido y son fundamentales en la historia del arte, como es fácilmente comprobable.

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